lunes, 27 de abril de 2009

Los Viñedos de Granica

Les dejo un fragmento de la historia que estoy escribiendo desde hace un año aprox. Se llama Los Viñedos de Granica e involucra: asesinatos, secuestros, suicidios, engaños, etc----Me agrada como suena, jaja. Bueno, les coloco a continuación el primer capítulo:

Agustín Sáenz dio la vuelta a la última página del libro que estaba leyendo. Sin desearlo, un suspiro de decepción salió de su pecho. El final no le había agradado en lo absoluto.

Algo más dramático, se dijo a sí mismo.

En la novela la destrozada protagonista, que llevaba por nombre Amanda, descubría las cartas apasionadas que se enviaba su esposo Anuar con la hermosa joven de nombre Tina. Ante tal traición, Amanda había decidido espiar a los amantes en cada uno de sus encuentros para estudiar cada aspecto de su relación. Con gran escrutinio, Amanda (oculta en el armario del dormitorio de Tina) ponía atención a cada caricia, palabra, sonrisa y beso que se dirigían los amantes. Cada noche, cuando Anuar llegaba a dormir, Amanda repetía lo que había visto en sus horas de clandestina observación. Le hacía lo mismo que veía a Tina hacerle con el deseo de que su esposo se enamorara de ella. Sin embargo, los años pasaron y las cosas nunca cambiaron. Anuar se mostraba cada día más distante, sin embargo, nunca la dejó. A pesar de todo, Anuar seguía queriéndola. Pero lo que no sabía era que la desdicha de Amanda había venido creciendo desde mucho tiempo atrás. Un constante pesar y frustración que sólo terminó con la pronta muerte de la mujer a manos de una terrible enfermedad.

Agustín dejó el libro en la repisa de la ventana y miró el cielo nocturno tapizado de estrellas. Definitivamente no le había gustado el final. Abrió la venta y respiró la fresca brisa que llevaba consigo el olor del campo. Granica no era el pueblo que solía ser años atrás, cuando Agustín era un niño, sin embargo, todavía conservaba parte de la magia de antaño. Un segundo suspiro lo tomó por sorpresa, sólo que esta vez fue uno de nostalgia.

En la cama descansaba su maleta abierta. No le había tomado más de cinco minutos preparar su equipaje: una pistola con una única bala.

Con mucho cuidado se movió a lo largo de la habitación hasta alcanzar el armario. Al abrirlo recordó el escondite de Amanda en el libro y por unos segundos temió encontrar a alguien dentro espiando sus movimientos. Sin embargo, sólo encontró su reflejo en el espejo devolviéndole la mirada. Su rostro cadavérico a falta del sueño de los últimos tres días esbozaba una exigua sonrisa melancólica. Se dispuso a vaciar el contenido del mueble. Al día siguiente regresaría a la ciudad por lo que tenía que dejar las cosas listas antes de partir. Sacó playeras, pantalones, camisas y sacos con dificultad y los apiló en un rincón. Cuando hubo terminado cargó todas las prendas consigo y se dirigió hacia la puerta de la casa. Salió a la fría brisa nocturna. Agustín se detuvo en un claro del jardín y lanzó la ropa al suelo. Muy despacio, se agachó y alcanzó una botella de gasolina. Con mucho cuidado, bañó las prendas con la gasolina hasta asegurarse que quedaran totalmente húmedas. Se movió hacia atrás para ubicarse a una distancia prudente. Sacó de su bolsillo una caja de cerillos y encendió uno de ellos. Su rostro lleno de arrugas y cubierto de la barba que llevaba sin afeitar por casi una semana se iluminó repentinamente. Lanzó el cerillo y en menos de un segundo una lengua de fuego se erigió hacia el cielo estrellado extinguiendo de una vez los últimos vestigios que estaban quedando de la vida de Agustín Sáenz.


De nuevo, gracias por leer y les iré posteando más al respecto. Saludos!


1 comentario:

  1. OMG niño eso no lo sabía!! Me super encantó tu lado escritor, me quedé con ganas de más! Espero de verdad que le sigas echando ganas, se ve muy muy interesante. Cuídese! XoXo ^^

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