sábado, 16 de mayo de 2009

Good Morning, Teacher

Hoy les vengo a compartir una experiencia muy padre que tuve a lo largo de todo este semestre: mi servicio social.
Puede que a primera instancia no suene ni tantito padre (ni si quiera para mí lo sonaba) pero he de decir que ha sido de las cosas que más he disfrutado de mi carrera hasta el momento.
Todo inició un lunes 9 de febrero cuando entré al 1°A de la escuela Ucrania. La verdad tenía mucho temor ya que jamás había dado clases de nada y no sabía que esperar.
Lo único que sabía de los niños de 7 años era que lloraban y se orinaban. De ahí venía mi miedo. Sin embargo, las cosas salieron bastante bien desde el principio: nadie lloró ni se orinó.
Recuerdo que la directora de la escuela me lanzó a dar clases sin ninguna preparación y cuando me refiero a preparación no hablo de ningún tipo de capacitación pedagógica, sino de la más mínima guía de qué demonios hacer. No hubo nada de eso.
Así que llegué y me encontré con casi 30 niños estudiando cada primer movimiento y palabra que hacía...algo así como evaluándome (o al menos eso sentía yo, jaja).
Iniciamos con los números: one, two, three...maldita sea! Ya se los sabían!
Bueno, seguimos con los colores: blue, yellow, red....también se los saben!
Y así fue el primer día, descubriendo que eran mucho más inteligentes de lo que yo alguna vez llegué a pensar. Y creo que esto fue lo que más me gustó de todo esto: observar cómo los niños eran capaces de sorprenderme todo el tiempo.
Aprendí en 3 meses a conocerlos a todos. Cada uno tenía detalles que los hacían muy buenas personas. Cada clase era una lucha interna por no botarme de risa con sus chistes y mantener mi pose de maestro, creo que eso era lo más difícil. Era tan increíble que no podía dejar de admirar el gusto que tenían por vivir. Tan sencillo como eso. Se sorprendendían de todo lo que les rodeaba, querían conocer el mundo en una hora, les interesaban las cosas nuevas y siempre tenían una perspectiva positiva de las cosas que se complementa con una carcajada a cada momento. Ir a las clases era contagiarte de su optimismo, de sus ganas de conocer y de aprender cada día más.
Pude contrastar la perspectiva con muchos de mis compañeros de la universidad y no dudo que cada uno de nosotros éramos así a los 7 años, sin embargo, ¿qué pasó? En qué momento nos volvimos indiferentes, desinteresados y aburridos. Cuándo comenzamos a darle importancia a lo que los demás pensaran de nosotros, cuando dejamos de sorprendernos, cuando comenzamos a hacer las cosas sin pasión y por mera obligación.
Sospecho que yo aprendí más de los niños que ellos de mí y por ello reitero lo importante que fue esta experiencia en mi vida.


°°1ro"A" y yo...°°

Y publico el comment de Mafer por acá hasta que se decida sacar su cuenta y armar su blog, jaja. Gracias Mafer!

"Tienes la boca AtAsCaDa de razóon mi pequeño Lugoo es mega padre k según tú, vas a enseñarles algo a ellos cuando en realidad ellos son los k te dan cachetadas de realidad jaja, a mí también me encantó mi experiencia como maestra de primaria y tu comment m hizo recordar muxisimo la cancion de un grupo k veo k te gusta MGMT - kids, obvio sé que la has escuchado. Pero es suuper neta tooodo lo k dice, cmo k a esa edad NADAA te importaba, te arrastrabas, te ensuciabas, agarrabas insectos... jaja un bsoo niño y felicidades x tu blog.. a ver si m animo a hacer uno luego jaja"

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