jueves, 30 de julio de 2009

Hell Party

[HOLA]

¿Qué tal? El día de hoy les posteo un trabajo que hice en días recientes. La tarea era sencila: desarrollar una idea con el primer concepto que te detonara la frase ¨Esa Máquina Infernal¨. Después de pensarlo unos cuantos días opté por trabajar con el tema de las fiestas. Todos hemos estado en ocasiones en las cuales una fiesta se sale de control y alguien, o nosotros mismos, nos perdemos dentro de ella hasta que no podemos reconocernos. Un círculo interminable de alcohol, sexo y música que provoca despertar todo tipo de instintos. En fin, escribí una historia relacionado a esto e intenté conceptualizarlo con el objeto que aparece en las fotos a lo largo de la historia (una botella llena de vidrios y "sangre" con imágenes de gente en la party saliendo de ella). Si alguien se reconoce en las fotos espero no cause molestias, el fin fue puramente artístico, jaja. Bueno, les dejo la historia:

Últimamente son pocas las cosas que me entusiasman. Las cosas no solían ser así y es por ello que aún no logro explicarlo del todo. En sí mi entorno sigue igual; tengo a mis papás y a mis hermanos, tengo mi escuela y mis amigos. El problema es que nada me causa emoción. Sé que mi escuela no me fascina, sé que mis amigos son pasajeros, sé que hace varios años que no platico con mis papás y sé que mis semanas se vuelven cada vez más eternas. Es por ello que me asaltó una sensación de alivio cuando revisé mi mail esa noche:

¨Sábado 25 de julio de 2009¨
Fiesta en el Hell Rock 22:00-

Barra libre y DJ’s toda la noche



Revisé la lista de invitados y vi que ésta se extendía interminablemente. Entonces al mirar el remitente me asombré al notar mi propio nombre.


El sábado llegó y no podía apartar de mi cabeza la fiesta en el Hell Rock. A lo largo del día, no supe de alguien a quien le hubiese llegado la invitación más que a mí. Sabía que todo podía ser parte de una broma. Había al menos un par de factores para afirmarlo: la lista de invitados y mi nombre como remitente.
Pero estaba la opción de que todo fuese real.
Mi día transcurrió en rutina sabatina y antes de siquiera notarlo, el día estaba terminando. Caminando hacia el estacionamiento de mi edificio estreché algunas manos de conocidos y seguí andando. Me subí a mi auto y sin querer abrí con demasiada fuerza la puerta. Le provoqué una abolladura al auto vecino. Decidí salir lo más rápido posible de ahí. Fue en ese momento cuando me llamó agustín, un amigo, para invitarme a un campamento ese mismo día en el Cerro de Granica… ¡¿un campamento?! Sin pensarlo un solo momento le dije que ya tenía planes. Al preguntarme cuales eran apenas alcancé a responder: una fiesta en el Hell Rock.

Llegué al lugar a las 10:45 con la misma ropa con la cual asistí a la universidad el día anterior. Incluso al tentarme los bolsillos noté que llevaba un par de plumas. En efecto, no logré advertir ninguna cara familiar. Lejos de molestarme me sentí reconfortado. Comencé a recorrer el lugar y a contagiarme del ambiente. Nunca había estado ahí y apenas puse un pie dentro no pude evitar preguntarme por qué. Una cortina de agua proveniente del techo resbalaba por las paredes, remolinos de viento provenientes del suelo alzaban las prendas de las chicas, juglares encendían antorchas con sus bocas y un DJ flotaba sobre la pista dejando caer sus mezclas sobre los oídos de la concurrencia.
La fiesta había comenzado ya.
Después de la primera impresión pude prestar atención a la gente que estaba ahí. ¿Gente dije? Aquello no era gente. Era algo más. Seres que despedían destellos al ser tocados por las luces del Hell Rock, las chicas más hermosas, todas reunidas bajo el mismo techo, sus pasos de baile parecían ser realizados en cámara lenta, con sus cabellos revoloteando con el aire que venía del suelo y sus expresiones de total devoción al ambiente de la fiesta. Libres y frágiles. Fue en un fragmento de segundo en el cual una de ellas volteó a mirarme y noté unas pupilas amarillas brillantes al mismo tiempo que la comisura de sus labios se transformaba en una mueca de auténtico dolor. La visión fue lo suficientemente escalofriante como para que desapareciera de mi mente al cabo de unos segundos.
De un momento a otro, no supe determinar cuando, la música comenzó a subir de intensidad. Las manos del DJ se movían desenfrenadamente sobre mi cabeza al igual que las personas que comenzaban a rodearme. Llegué a la barra y pedí un vodka. Una chica pelirroja me tomó de la mano antes de que pudiera terminarlo y comenzó a bailar frente a mí. Alcancé mi vaso de nuevo e intenté entablar conversación con ella. Era absolutamente hermosa. Mis palabras fueron prontamente opacadas ya que de la nada me besó. Tal y como había hecho desde el primer momento en el que puse un pie en el Hell Rock, me dejé llevar. Le correspondí el beso y continuamos bailando sin cruzar ninguna palabra. Pedimos una ronda más de tragos y al mismo tiempo comenzaron a unírsenos varios amigos de ella. No me dejaron solo ni un solo minuto. Más chicas llegaron y comenzaron a insinuárseme. Volteé a ver a la que me había besado pero me extrañé al ver que parecía no inmutarse, mucho menos molestarse. Compartí algunas miradas con las amigas de mi nueva conquista pero decidí dejarlo sólo en eso.
En ese momento la chica pelirroja volvió a tomarme de la mano y comenzó a guiarme a través de la multitud. Tenía que hacer un esfuerzo por caminar recto ya que mis sentidos comenzaban a nublarse a causa del alcohol. Sencillamente me limitaba a no soltarle la mano y a seguir su ritmo. Caminando distinguí a un grupo de personas bailando debajo de las cortinas de agua al mismo tiempo que se despojaban de sus prendas empapadas. Chicas y chicos comenzaban a bailar cada vez más pegados unos de otros. Uno de ellos tenía una botella en la mano y le deba de beber directo de ella a sus demás compañeros. Lo juglares disparaban llamaradas de fuego muy cerca del grupo pero esto parecía no perturbarlos en lo absoluto. El DJ contemplaba orgulloso el nivel que estaba alcanzando la fiesta y sin piedad disparaba ritmos que incitaban al desenfrene y al caos.
El chico de la botella apareció de la nada frente a mí y comenzó a darme a beber. Yo accedí y di un enorme trago. Cuando hube terminado, el sujeto había desaparecido y yo seguía caminando de la mano de la chica pelirroja. Mi juicio comenzaba a verse cada vez más afectado y los huecos en mi mente se tornaron cada vez más amplios. Lo que recuerdo posterior a ello es haber entrado a una habitación iluminada por unas cuantas velas. Luego haberme recostado en unos sillones de cuero negro muy cómodos y sentir enseguida la presencia de la chica pelirroja sobre mi regazo. Entonces la tomé por las caderas y comenzamos a besarnos.
Aquello se tornó en un remolino de emociones que atacó el centro de mi cabeza y de mi pecho. Sentía torrentes de sangre inundar mis venas a toda velocidad. No tengo ninguna imagen de lo que aconteció en esa habitación. Pura y meramente sensaciones. Las mejores de toda mi vida.

Hasta que volví a ver la misma mirada amarilla.
Me detuve precipitadamente y tomé el rostro de la chica en mis manos con cierta brusquedad. Intentaba buscar de nuevo ese reflejo en sus ojos, pero lo olvidé al instante ya que me topé con unos ojos violetas que no había visto. Aquella no era la chica pelirroja. Todo aquel tiempo se había tratado de una persona diferente. Tan rápido como me percaté de aquel hecho, opté por restarle importancia y seguir entregándome a aquella mujer.
Las cosas terminaron algunos minutos u después. Me quedé tumbado en el suelo contemplado las velas y sintiendo el aliento de la chica de ojos violetas en mi cuello. Con cierto trabajo me vestí y salí. El ambiente, lejos de haber disminuido de intensidad, había tomado ritmos bestiales. La gente bailaba sin piedad, frotando sus cuerpos unos con otros y saltando al mismo tiempo. Un par de manos se cerraron alrededor de mi cintura como un par de garras asiéndome hacia atrás con una fuerza brutal. Sentí que perdía el aire. Me volteé precipitadamente y me encontré de nuevo con la chica pelirroja.
-Hola.- alcancé a decir.
No me dijo nada sino que me arrastró debajo de la cortina de agua. Sentí el frío líquido hacer contacto con mi piel y me estremecí. Comenzamos a besarnos. Aquello no podía ser verdad. Probé el agua que caía a través de nuestras bocas y sentí el tibio ardor de las llamas prender a escasos metros de nosotros. La música seguía golpeando nuestros oídos. Mi cabeza giraba en círculos aún con los ojos cerrados. Sentía el mundo dar vueltas y la pista de baile girar como un trompo. Todo ello ajeno a lo que acontecía debajo de la cortina de agua. Nos liberamos de la boca del otro y lo vi por tercera vez: aquel destello en su mirada. Era como un par de diminutos focos encendidos liberando su luz sobre mi rostro. Brillando a través del agua que los salpicaba. Por primera vez lo contemplé fijamente, me estaba perdiendo en esos ojos, cayendo lentamente en su infinita profundidad que amenazaban con no dejarme salir. Parpadeé medio segundo y al abrir de nuevo los ojos me encontré solo debajo de la cortina de agua.
Me froté la sien y comencé a mirar a mi alrededor en busca de la chica. El sujeto de la botella se acercó y volvió a ofrecerme de su misterioso contenido en la boca. De nuevo accedí. Para ese entonces, había olvidado aquellos ojos amarillos. Me sumergí en la multitud otra vez y no pasó mucho tiempo para que me hubiese acostumbrado a su ritmo de baile. O al menos así lo sentía yo. Saltaba y gritaba sin clemencia. Me sentía único entre ellos, el mejor, el superior, el rey. A mi lado transcurrieron vasos de los cuales bebí sin siquiera ver de quién eran o qué tenían. La música comenzaba a hacerme daño en los oídos. Mi cabeza daba tumbos cada vez que chocaba con el brazo de otra persona. Mis pies parecían pesar más a cada salto. Mi vista estaba cada vez más nublada. Mi boca más seca. Mi estómago más revuelto.
Aquello era demasiado y decidí que había tenido suficiente. ¿Cómo era posible que las personas a mi alrededor siguieran en el mismo estado en el cual las había visto por primera vez? ¿Cómo es que no estaban exhaustos cómo yo? Si hubiera estado más sobrio hubiera indagado más al respecto, pero como no era el caso decidí dirigirme hacia la entrada. Un grupo me cerró el paso. Tomé otro camino y la chica de los ojos violetas se apareció frente a mí.
-Lo siento, ya me voy.
Dije, pero me tomó de la mano y me acercó hacia ella para volverme a ofrecer sus labios. Cuando abrí los ojos estaba de vuelta en la habitación de las velas. Salí totalmente desorientado y el hombre de la botella se acercó a mí. Antes de que pudiera negarme ya le había dado otro trago a la botella que me ofrecía. Unas arcadas comenzaron a invadir mi estómago y corrí al baño a vomitar. Me quedé tendido en el suelo de azulejos blancos hasta logré recuperar el sentido. Me miré en el espejo y me asusté al contemplar un rostro pálido y ojeroso devolviéndome la mirada. Salí casi corriendo. Una lengua de fuego pasó rozando mi cara. Volteé y me encontré con un juglar indiferente a lo que acababa de hacer. Lo empujé con violencia y este azotó en el suelo. Otra mano se cerró alrededor de la mía y me integró de nuevo a la pista de baile. La gente se cerraba más y más a mi alrededor.
Fue ahí cuando perdí el juicio. Comencé a gritar y a empujar a cualquier persona que me bloqueara el paso. Me intentaba abrir camino a través de la multitud pero no lograba avanzar en lo absoluto. Manos se cerraban alrededor mío y me arrastraban de vuelta al centro de la pista, Debajo del DJ que no daba señales de detenerse.
Llegó un momento en el cual dejé de oponer resistencia. No podía luchar más contra ellos. Me dejé arrastrar de vuelta. Como pude me refugié de vuelta en el baño. Me escondí en uno de los cubículos y comencé a escribir con la pluma que llevaba en el bolsillo esta historia. Escribir es lo único que me mantiene parcialmente cuerdo. Llevo semanas dentro del Hell Rock. De vez en vez, me sacan del baño a rastras y me dan bebida o alguna chica se acerca para llevarme a la habitación de las velas. Cada vez que puedo Volteo hacia arriba y me encuentro al DJ trabajar sin miramientos.
Poco a poco estoy perdiéndome a mi mismo. Poco a poco me estoy consumiendo dentro de esta máquina infernal. Poco a poco olvido. Poco a poco me convierto en uno de ellos y allá afuera el recuerdo de mi existencia se va apagando lentamente.

4 comentarios:

  1. Muchas Felicidades, Estoy impresionado!, jojo, a muy pocos amigos he visto escribir asi, ke te puedo decir, me encanto, jojo, mucho misterio, dramatico, no se, simplemente felicidades, espero ke algun dia puedas publicar tus retorcidas historias, para asi poder leerlas, jojo, muy bueno, me atrapo, ya... que mas puedo decir...

    Solo una queja, tu escultura, jaja, ke onda con eso... me veo muy mal de rojo, sabes?

    Felicidades again!

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  2. Yey, gracias x el comentario positivo. Que chido que te gustó :D Ahora sólo espero que no le tengas miedo a las fiestas como yo :(
    Jaja, naaa, eso nunca va a pasar. Sale, gracias x leer. Keep lookin'

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  3. Wow!!

    Muy bueno, sr Lugo!! Su creatividad y esa manera de escribir son talentos que muchos pseudo escritores desearían. Cuídese!! XoXo

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  4. Lugo WOW me debes esa foto donde salgo más ebria que Tonatiuh bailando breakdance con sombrero y mandando besos jajaja. Se te quiere y ESA FOTO PLEASEEEEEEEEEEEE

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